Lo escribía Séneca en sus cartas a Lucilio hace unos dos mil años: “Si no sabes hacia dónde se dirige tu barco, ningún viento te será favorable”. Y, tan manida como se quiera, la sentencia no deja de ser cierta. Casi siempre, porque dejamos el mando a un patrón mental inconsciente. Navegar también puede ser un ejercicio de analogía vivencial que ayuda a identificarlos. 

Analogía vivencial para descubrir patrones mentales inconscientes

Hará unos diez años que navego en patín catalán. Ahora, casi siempre puedo llevar la embarcación donde me propongo. Pero no siempre me es fácil. Huelga decir que durante años me ha sido directamente imposible. Al principio por falta de pericia técnica pero durante mucho tiempo también por falta de dirección. Un día en que me dirigía hacia la playa se hizo evidente. Andaba de vuelta, hacía viento -al menos según mis estándares-, había olas y la corriente tenía fuerza. Yo tenía dudas de si podría llegar a la arena con un solo bordo sin estampar el barco contra el espigón ni volcar el patín. No lo tenía claro. Y avanzaba a toda velocidad. Fue entonces cuando, por un momento y bajo presión, tomé la determinación de dejar que decidirían los elementos: el viento, las olas, la corriente. En función de cómo me hicieran avanzar, me adaptaría. En otras palabras, dimití de mi responsabilidad. Y perdí el rumbo, sin remedio. Lo percibí claramente. No “lo entendí”. Lo sentí. Lo vivencié. 

Cuando no tenemos un rumbo claro, las decisiones son más difíciles y erráticas. Los resultados menos satisfactorios.

Y tuve un insight muy poderoso de cuán esencial es fijar un rumbo para poder avanzar. Porque, cuando sabemos hacia dónde vamos, ya tenemos trabajo suficiente en lidiar con las adversidades y oportunidades. Pero cuando simplemente nos dejamos llevar sin un norte, todo se afloja -y no en el buen sentido- y las decisiones son más difíciles y erráticas. Ese día, en medio del mar, las olas, el viento y la corriente, lo percibí con claridad. Una analogía vivencial que identifica patrones mentales inconscientes en toda regla. Después, y gracias a ello, he podido observar en múltiples ocasiones como el patrón mental de ceder el mando, operaba en diferentes circunstancias y contextos. 

Jesús Cartañà